Mi experiencia en la CAS 2015 y el ego

Para los que me conocéis sabréis que el tema de llevar equipos de desarrollo de software es lo mío, para nada me considero un erudito en la materia, más bien al contrario, tengo mucho que aprender y cada día aprendo cosas nuevas pero creo que es algo que se me da bastante bien, disfruto con ello y tengo algún éxito que contar, también fracasos y momentos duros que al fín y al cabo es cuando uno más aprende.

El pasado verano mi compañero Miguel Ángel García me pasaba un link en el que decía que la CAS abría su call for papers para la edición de este año y me animaba a presentar algo. Al principio no le di mucha importancia pero trás decir las palabras mágicas “a que no hay hue***” no pude resistirme a mandar una idea.

No tuve que pensar mucho, en el 2015 viví en mis propias carnes algo que más tarde llamé EDD (Ego Driven Development). No es el objetivo de este post el desarrollar el tema pues para eso habrá otro más detallado, tan solo quisiera transmitir el porqué elegí esa idea. Principalmente es porque en el último año y medio en diferentes equipos he podido vivir como el ego que todos tenemos, bien tratado y dirigido puede llevar a hacer de un equipo normalito o incluso flojo a ser uno de los mejores y el caso contrario, un ego descontrolado, una diva en el equipo mezclada con alguna puñalada por la espalda y una pizca de maquiavelismo puede hacer no solo que un equipo fracase si no que un producto se vaya al traste.

Estoy seguro que todos tenemos en mente casos como estos y no solo en el ámbito del desarrollo de software pues somos humanos y todos tenemos nuestro pequeño orgullo y ego por tanto en cualquier grupo u organización podremos encontrarlos. Debido a que estas situaciones me han tocado personalmente me decidí a hablar sobre ellas.

Trás unos meses de espera mi charla fue seleccionada como “Lightning”, se trataba de un formato corto de unos 15 minutos, no eran los 45 que me hubiera gustado pero me valía para contar mi idea. Como se dice en mi tierra manchega “me puse más contento que unas castañuelas”.

Como siempre me pasa no rematé la presentación hasta la noche anterior, en ese momento justo al terminar vi que mi Keynote no guardaba la copia en iCloud, no le di importancia pues me iba a llevar mi propio Mac, ¿qué podría pasar? Lo llevaba en el sitio más seguro.

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Y por fín comenzó la CAS, abriéndola un magnífico Eugenio Moliní que con sus experiencias vitales y de superación personal nos dejó a todos boquiabiertos, si hubiera tenido un sombrero en ese momento me lo hubiera quitado. Seguí asistiendo a algunas charlas a lo largo de la mañana, la mía era a las 16h.
Entre tanto fui a almorzar con mi mujer que trabaja cerca y mientras iba ocurrió la fatalidad, la correa de la banbdolera donde llevaba el Mac se rompe y cae al suelo, en ese momento no me percaté de la magnitud de la tragedia hasta que a las 15h me metí a otra charla y al abrir el Mac resulta que no enciende, el golpe ha debido de estropear algo. En ese momento podéis imaginar los sudores fríos que me entraron, recordad que mi presentación estabas ahí y solo ahí, ni en la nube ni ningún otro sitio, de nuevo Murphy actuó y de la manera más malévola que podría. En ese momento no entré en pánico, pedí a alguien de la organización de la CAS un portátil para deprisa y corriendo rehacer la presentación teniendo en cuenta tan solo los recuerdos de la que había hecho la noche anterior. Desde aquí agradecerles que me prestaran ese portátil pues me salvaron y al final creo que la presentación me quedó mejor incluso que la original, lo que son las cosas. Consejo: haced siempre siempre copia de seguridad de vuestras presentaciones, en la nube, en un pen drive, en una caja de seguridad de un banco suizo, en pdf, word, wordperfect, todos los formatos que se os ocurran.

Llegó mi turno, la sala llena y aunque al principio estuve algo nervioso pero me vine arriba enseguida, fueron solo 15 minutos de charla, lo sé, pero los viví como si hubieran sido muchos más. Tampoco es que haya sido mi primera charla, he tenido muchas pero quizás porque el momento en lo personal era cuando más necesitaba un empujón, el caso es que salí de allí con el ánimo por las nubes, super orgulloso, a la gente le había encantado y al parecer el tema del ego en los equipos de desarrollo de software es un mal endémico, espero que haya servido un poco de ayuda mis palabras aunque sea para que sepáis que no estáis solos.

Por lo demás de la CAS me llevé la agradable sensación de encontrarme con un antiguo compañero de trabajo, Jorge Moratilla, un profesional como la copa de un pino y mejor persona que llevábamos tiempo sin vernos y pudimos ponernos al día. Gracias Jorge.

Os dejo el link a la presentación por si queréis echarle un vistazo y publicaré el video cuando lo suba la organización de la CAS.

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